Aceptando las Diferencias

He intentado demostrar cómo nuestra relación con las demás personas es, en realidad, una especie de monólogo en el cual esperamos encontrar en el otro un espejo de nosotros mismos. Eso ocurre solamente porque somos inseguros y toleramos mal las diferencias de opinión – que nos dejan en duda acerca de nuestras propias posiciones – y nos recuerdan la condición de soledad, de la cual intentamos huir todo el tiempo.

Si no somos iguales, cada vez que conocemos a una persona tenemos que dedicarnos a intentar saber quién es. Sí, porque ya sabemos que no es obligatorio que ella piense, sienta, juzgue y actúe como nosotros. Es evidente que debe haber algunos puntos en común; pero lo importante es detectar con precisión las diferencias, condición indispensable para que podamos hacer previsiones en relación a los posibles comportamientos de esa persona. Así, iniciamos el proceso de entrar en su alma, descubrir cómo funciona y, por algunos minutos, vivenciar las cosas bajo aquel punto de vista. A eso llamamos empatía.

Este proceso es completamente diferente de ponerse en el lugar del otro llevando nuestra experiencia y nuestros puntos de vista. Se trata de entrar en el sistema de pensamiento de la otra persona y pensar según las reglas que le sirven de norte. Es evidente que se trata de algo más difícil, ya que el modo de ser y de pensar de cada uno de nosotros está fuertemente influenciado por aquello que hemos pasado a lo largo de los años. Es difícil conseguir entrometernos en la subjetividad de otra persona sin cometer algunas equivocaciones.

Aquel que quiera comprender a su semejante – aunque no igual – tendrá que concienciarse de que hacer un juicio moral respecto de su forma de pensar tiene muy poca serventía. Entrar en el alma del otro es hacer un viaje totalmente diferente, donde lo que importa es conseguir sentir como el otro siente, pensar como el otro piensa, juzgar como el otro juzga. Con ello podremos sentirnos próximos a esa persona durante cierto tiempo, comprenderla e incluso sentirnos solidarios con ella. Eso no significa, entre tanto, que debemos aceptar todo tipo de comportamientos o librarnos de nuestras preocupaciones éticas.

Es evidente que tendremos mayores afinidades con aquellos que tienen un modo de evaluar las cosas más o menos parecido al nuestro. Debemos, sin embargo, intentar comprender a aquellos que son bastante diferentes de nosotros. Esto provocará un enorme enriquecimiento de nuestra vida interior, pues por medio de ese tipo de experiencias podremos vivenciar otros modos de existir y de pensar sobre nuestra condición. Comprender y comunicarse con todos los tipos de personas será siempre un emprendimiento que engrandece. Por esa vía podremos acumular un conocimiento de vida mucho más rico que con una actitud crítica que, en verdad, excluye y desprecia todo y a todos los que no sean como nosotros somos.

Traducción: Teresa

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