¿Crees tú en la buena o mala suerte?

– La repetición de acontecimientos positivos o negativos en ciertas fases de nuestra vida puede sugerir que existe un proceso que está interfiriendo en nuestro destino.

Acostumbramos a decir: “fulano tiene mucha suerte; todo cuanto hace le sale bien”; “mengano es gafe, sólo tiene mala suerte.” A fin de cuentas, ¿qué será eso a que llamamos con ligereza buena suerte o mala suerte, sin intentar entenderlo? ¿Será alguna cosa ligada al “destino” de cada persona, a la voluntad de Dios? ¿Será mera coincidencia? ¿Será que existen procesos psicológicos que aún no comprendemos muy bien y que predisponen a algunas personas al éxito en sus emprendimientos?

No podemos continuar pensando en esos procesos como simples coincidencias. Hay personas afortunadas en el juego, que ganan con una frecuencia muy por encima de lo que se podría esperar por la ley de las probabilidades. Llamar tan sólo coincidencia a las repeticiones de acontecimientos positivos o negativos en la historia de vida de las personas es negar la evidencia de que algún otro factor está interfiriendo en la evolución de los acontecimientos. Además, esa concepción de que existen “coincidencias significativas” y no solamente casualidades, fue una de las más importantes contribuciones de Jung a la psicología. La repetición de acontecimientos positivos o negativos en serie que nos ocurren en ciertas fases de la vida sugiere la existencia de algún proceso interfiriéndose en nuestro destino. El pensamiento científico no puede, al menos por ahora, ir muy lejos en el sentido de estudiar la influencia de factores sobrehumanos en nuestras vidas. No obstante, no creo que sea prudente descartarla, pues tampoco tenemos datos para eso. La astrología, la numerología, el espiritismo y varios otros tipos de esoterismo intentan establecer reglas respecto de las influencias sobrenaturales a las que estarían sometidos. Son cosas interesantísimas y tenemos que continuar aguardando un mayor acopio de informaciones para poder elaborar un juicio respecto de ellas, sin ideas preconcebidas.

Algunos mecanismos psicológicos pueden influir sobre lo que denominamos suerte o desgracia. Es bastante probable que existan criaturas más positivas que otras. Nuestra mente, cuando funciona de forma más optimista y con más coraje para tener éxito en aquello que nos proponemos, puede interferir mucho en los resultados. Tengo la creencia de que los fenómenos que denominamos paranormales existen en todos nosotros, siendo más eficientes en algunas personas que en otras. El vendedor que esté determinado a vender obtendrá mejores resultados. El jugador de fútbol con más coraje para el éxito dispondrá de muchas más oportunidades. O sea, es bastante probable que nuestras mentes dispongan de más poderes que los que conocemos y utilizamos. Algunas personas consiguen servirse, aunque de forma intuitiva, de esos otros poderes, obteniendo resultados mucho mejores. Esas son las personas con suerte. Los mismos poderes podrán provocar, cuando activados negativamente, fracasos sucesivos, y las personas que padecen esa tendencia son las desafortunadas.

Aún no sabemos cómo funcionan los procesos psicológicos y por qué algunas personas disponen de ciertos “dones” – premoniciones, videncias, etc. – y otras no. Pero no podemos continuar negando la existencia de esos fenómenos y mucho menos dejar de investigarlos, pues ellos abren perspectivas increíbles para una mejor utilización de nuestro potencial psíquico. Esos procesos no son autónomos y dependen también de cómo funcionan nuestros procesos psicológicos más conocidos. Por ejemplo, para que una persona pueda tener suerte es necesario que ella se permita cosas buenas. Todos nosotros tenemos un determinado tipo de contabilidad interna, en la cual cierta cantidad de esfuerzos da derecho a recompensas. Algunas personas se ven con derecho a una buena cantidad de recompensas, aún sin considerarse en el deber de hacer grandes sacrificios. Esas, claro está, son más predispuestas a tener suerte que aquellas, muy rígidas desde el punto de vista moral, que se sienten mejor cuando obtienen poca recompensa con mucho sacrificio. La moralidad en la que hemos sido criados, que da grandeza y dignidad al esfuerzo, a la renuncia y al sacrificio, acaba conduciéndonos al camino de la mala suerte, porque nos impide conseguir muchos beneficios sin grandes privaciones. En cambio, la suerte es un amontonado de ganancias resultantes de poco – o ningún – esfuerzo. Son pocas las personas de carácter que se permiten esto. Y, cuando abren las puertas de la suerte, en un determinado sector de la vida, suelen cerrarlas en algún otro igualmente importante. Esto explicaría, por ejemplo, la concepción de que los afortunados en el juego son desgraciados en el amor.

Nada es más fascinante que nuestra mente. No me canso de pensar acerca de nuestros mecanismos íntimos y me gustaría ser capaz de transmitir mi entusiasmo. Tenemos que leer mucho, pensar mucho, conversar mucho, pues estoy seguro de que ese empeño se verá muy bien recompensado.

Traducción: Teresa

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