El Contenido Esencial De Mis Libros

Sus principales pensamientos originales
Mi producción original se inició en 1975, después de cerca de diez años de trabajo como terapeuta, manejando inicialmente cuestiones relativas a las dificultades sexuales y después con temas relativos a la vida conyugal. En la práctica clínica siempre atendí todo tipo de paciente, de modo que construí una sólida experiencia en relación a la práctica psiquiátrica. Nunca dejé de usar psicofármacos, de manera que lo que ahora se pregona lo vengo haciendo desde 1967.

Como siempre tuve un espíritu algo rebelde, y siempre me resistí a integrarme en grupos que defendían este o aquél punto de vista, no formé parte de las sociedades psicoanalíticias ni me alié con los organicistas. Trabajé por cuenta propia, lo que fue fuertemente facilitado por el enorme éxito que obtuve en la clínica particular desde los primeros meses de trabajo. Atribuyo esta situación mucho más a mis dones innatos –relacionados con mi capacidad de ayudar y de ser una persona confiable- más que a los conocimientos que tenía. Me sentí afirmado por esos buenos resultados y, a pesar de no estar tan bien preparado, actúe con prudencia, lo que impidió que cometiera graves errores.

Poco a poco fui formando mis propias ideas, tanto en el campo de la sexología que estaba naciendo, como en las cuestiones relacionadas con la pasión y las dificultades conyugales que se hacían cada vez más frecuentes y explícitas. La compleja y avasalladora evolución de las costumbres a partir de la segunda mitad de los años 60 se presentó delante de mis ojos, pude ver lo que sucedía de una manera peculiar, única. Es evidente que mi vida personal también se transformó, puesto que en psicología somos quienes observamos al mismo tiempo que somos nuestros propios clientes.

El hecho de haber encontrado felices soluciones a mis problemas me ayudó mucho. Acompañé algunas historias exitosas en nuevas relaciones afectivas, junto a innumerables desastres ocasionados por distintos motivos. Mis libros de 1976 a 1982 son muy ricos en ideas nuevas, todas ellas descriptas de una forma desordenada y apresurada, como quien no quiere perder la originalidad. Tenía miedo de que otros autores pudiesen producir pensamientos similares. Hoy sé que eso no era posible que sucediese, de modo que mi prisa era infundada. Independientemente a ese factor, en mi mente surgían nuevas ideas; algunas me provocaban mucho miedo y tal vez en otras personas.

Entre 1983 y 1990 viví una fase intermedia, con una producción intelectual irregular y variada, manejando temas tangenciales, tales como la obesidad, dependencia psicológica a las drogas – en especial el cigarrillo, además de ir completando alguna de mis primeras ideas. En especial, publico un libro enteramente dedicado a la vanidad, relevante – según lo que pienso – pero que no agota ese tema tan fundamental. Surge el primer texto más maduro, el que trata de la psicología masculina.

Entre 1991 y 2001 re escribo y complemento, ahora de forma madura mis textos anteriores. Trato los mismos temas; libertad, amor, sexualidad, valores morales, madurez emocional , soledad, etc. Las grandes preguntas de la psicología normal fueron las que siempre me intrigaron. Mis observaciones no vienen de la psicopatología, como ocurrió con el psicoanálisis. Mis pacientes, como regla común, fueron y son personas normales viviendo problemas existenciales cotidianos.

Pienso que después de pasar por caminos tortuosos en los cuales muchas veces me vi desesperanzado, acabé siendo capaz de sugerir soluciones bastante interesantes para importantes cuestiones de nuestra existencia. Ellas pasan por algunas premisas básicas que relataré a continuación, no siempre respetando el orden en que fueron elaboradas. Intentaré describirlas de la forma más sistemática y útil posible. Se trata de un resumen muy ajustado, síntesis de veinte libros y 35 años de trabajo constante.

1. Todo comenzó cuando me fui dando cuenta que sexo y amor no son parte del mismo impulso instintivo. Al contrario, en la mayoría de las veces están en oposición.
Este punto de vista, defendido a partir de 1977, era una ofensa contra la postura psicoanalítica que dominaba el pensamiento oficial. Defendían – y defienden – la idea de que el amor y el sexo hacen parte de nuestra constitución libidinal, parte del instinto de vida.
Reconocí en el amor un impulso regresivo – no instintivo – relacionado con el deseo de retornar a la paz y armonía uterinas. Una especie de herida traumática relacionada con el nacimiento. Desde ese punto de vista, el amor substituye al instinto de Muerte de Freud: en vez de que busquemos la paz en la muerte, lo que es apenas una suposición, buscamos reencontrar la paz perdida, el paraíso perdido. El amor es el sentimiento que tenemos por aquella persona cuya presencia nos provoca la sensación de paz y armonía necesarias para atenuar nuestro desamparo crónico. Es evidente que el primer objeto de nuestro amor es nuestra madre. Ella es remplazada varias veces a lo largo de nuestra vida. Pocos son los que prescinden de algún tipo de aura amorosa y consiguen manejar la sensación de desamparo de una forma serena y que no requiera de pareja. El amor es, pues, un fenómeno interpersonal, de modo que no reconozco la existencia del amor por sí mismo. El concepto de narcisismo, en mis libros, es abandonado. Reconozco que existe algo que sentimos por nosotros mismos, pero lo considero de naturaleza puramente sexual.

2. Desde el inicio, el amor está en oposición al proceso de constitución de la individualidad: es como si el niño no quisiese volverse independiente, prefiriendo el regazo de la madre. Ella tiene que ser estimulada para construir su independencia, que es favorecida por el desarrollo de la razón, a través del lenguaje, y también por el surgimiento de las manifestaciones sexuales auto eróticas- todo eso a partir del segundo año de vida. Una vez configurada una individualidad básica, ella se coloca en franca oposición al ansia amorosa. El miedo de perder la individualidad, el miedo del sufrimiento en caso de ruptura y el miedo de la felicidad definen, íntimamente, un importante factor anti-amor. Así, queremos un buen desarrollo amoroso y a él nos oponemos porque nos sentimos amenazados por la fusión. Una solución usual consiste en el embrujo amoroso por una persona bastante diferente: el embrujo aproxima, al paso que las diferencias irritan y alejan.

3. El miedo de la felicidad gana importancia como factor anti-amor y también en la vida como un todo: vivenciamos el paraíso y después la ruptura derivada del nacimiento. Parece que siempre que nos aproximamos de una condición de armonía experimentamos el pánico hacia la posibilidad de que una nueva desgracia irá a ocurrir. El miedo de la felicidad es responsable por nuestras tendencias auto destructivas.
Está relacionado con el fenómeno amoroso, así como en Freud está relacionado con el instinto de muerte. La felicidad nos asusta también en otras áreas y se constituye en un importante obstáculo interno para la realización de todos nuestros proyectos. Es nuestro peor enemigo y se encuentra dentro de nosotros.

4. En estudio de las elecciones amorosas, me deparé con el hecho de que la gran mayoría de las parejas es diferente en cuanto a su desarrollo emocional: un miembro es más intolerante a frustraciones y contrariedades y puede ser definido como egoísta; el otro es tolerante en demasía y acostumbra ser llamado como generoso.
Ese tipo de alianza es descrito por E. Fromm: se establece entre el sádico – egoísta – y el masoquista- generoso. Aparentemente es el sádico quien manda, grita y humilla. En realidad el poder está en el masoquista, o sea, en el generoso, el que da más de lo que recibe y que puede parar de dar en cualquier instante. La gran mayoría de estas uniones termina por iniciativa del generoso – a pesar de las constantes amenazas del egoísta.
El tema del desarrollo emocional y moral llegó a mí por ese camino.
Se hizo muy importante y desarrollé una firme postura crítica en relación a la generosidad: el egoísmo sólo desaparecerá cuando desaparezca la generosidad. Ella pasó a ser vista como una forma menor de inmadurez emocional, donde la dependencia y el miedo al rechazo predominan sobre la razón. Aún así, se trata de una inmadurez. En la generosidad la culpa es indebida y opresiva. Un paso adelante en la madurez emocional y moral define la forma de ser de la persona justa: aquella que se trata a sí misma y a los otros según un único patrón moral.

5. El justo es esencialmente maduro y bien constituido en su individualidad. Puede quedarse tranquilamente solo.
Si opta por una relación amorosa, no actuará bien ni con la inmadurez y dependencia práctica del egoísta – que suele ser llamado como narcisista, lo que siempre aumentó la confusión respecto al uso de ese término – y ni con la condescendencia que deriva de la dependencia emocional del generoso.
No tendrá miedo de la fusión romántica porque el individualismo predomina sobre el amor. Acabará por establecer un nuevo tipo de alianza amorosa, más parecida con la amistad – menos posesiva y nada dominadora – que he llamado +amor, o sea más que el amor. Se trata de la proposición de un nuevo tipo de romance adaptable a los nuevos tiempos, equitativos.

6. Todo indica que hoy en día, la buena calidad de vida implica un desarrollo emocional – y concomitantemente evolución moral. Mucho más de lo que nos era exigido hace algunas pocas décadas atrás.
La vida comunitaria, que aún traía muchos restos de los clanes familiares, nos llevaba a tener una falsa impresión de independencia: de hecho nos hacíamos independientes de nuestros padres para volvernos dependientes de nuestros nuevos compañeros amorosos. Aún aquellas personas que conseguían un buen desarrollo intelectual acababan perdiéndose en las dependencias emocionales y también en engaños graves de evaluación moral. De esta manera, el individualismo – ejercicio de nuestra individualidad – es parte de ese importante desarrollo emocional, y no debería continuar siendo tratado como algo con connotación moral negativa. Individualismo no es egoísmo – ¡el egoísta, dependiente para cosas prácticas, es todo menos individualista! Individualismo es pleno desarrollo emocional, apertura para toda una gama de posibilidades de existencia que hace con que el ser humano pueda efectivamente volverse un ser libre. Esa es, pues la faz positiva de la contemporaneidad, de la cultura de masas que tiende a hacernos homogéneos hasta inclusive en nuestros gustos y sueños. La cultura de masas depende de avances tecnológicos que, bien utilizados, nos hacen más competentes para estar mejor con nosotros, menos dependientes de las otras persona. Vivimos sobre el filo de la navaja: por un lado, la opresión de una sociedad homogenizante; por el otro, una extraordinaria posibilidad de libertad para aquellos que se ocupen de desarrollarse emocionalmente y no tan sólo de dedicarse a las superficialidades estéticas que la época estimula.|1|

7. El instinto sexual se manifiesta, de modo claro, al final del primer año de vida, en el momento en que el niño comienza a darse cuenta como aislado de la madre (nacimiento psicológico). La estimulación de las llamadas zonas erógenas determina la agradable sensación de desequilibrio homeostático – tal vez el único sentido como agradable.
El fenómeno es auto erótico, ya que la estimulación es hecha por el propio niño. Así, el sexo es, al menos al inicio – y pienso que a lo largo de toda la vida -, un fenómeno personal. En eso ese instinto se distingue definitivamente del amor, que desde el inicio, depende de un objeto externo. La separación entre sexualidad y amor destruye el concepto de narcisismo. Lo que sentimos en nosotros – y eventualmente por nosotros – es la excitación sexual y no el amor. No debemos confundir auto estima con amor por uno mismo. La Autoestima es un juicio y no un sentimiento.

8. Nuestro instinto sexual posee otro ingrediente, que se llama VANIDAD, concepto que el psicoanálisis también lo incluyó en la idea de narcisismo, generando mayor confusión.
Se trata de una sensación de excitación que deriva de percibirnos como el centro de las atenciones, atrayendo miradas de admiración o deseo. Esa manifestación depende de la interferencia de la razón, ya que tenemos que reconocer que estamos despertando sentimientos positivos y no tan sólo estamos siendo mirados. Sus manifestaciones iniciales se dan entre los 5-6 años de edad. La vanidad gana fuerza y se transforma en la pieza fundamental de la vida de casi todos nosotros a partir de la pubertad. Esa manifestación de nuestra sexualidad es muy compleja, puesto que se manifiesta más allá del cuerpo. La vanidad intelectual- el deseo de destacarse por esa área – puede ser extremamente nociva al conocimiento.

9. Siendo la vanidad un fenómeno personal, refuerza la precaria tendencia inicial en la dirección de la individualidad. Por lo tanto, por fuerza de su característica ligada a lo que es superficial, puede determinar un individualismos sólo de apariencias y comprometido con el egoísmo.
Ese riesgo, común en las personas inmaduras y que fueron llamadas narcisistas por Freud, puede ser responsable por confusiones y dificultades que tenemos para comprender como piensan y actúan ciertas personas extrovertidas, alegres y, al mismo tiempo, muy intolerantes a contrariedades y mal formadas moralmente. La vanidad a pesar de provocar placer auto erótico, nos hace profundamente dependientes de la aprobación externa del mayor número posible de personas- y que serán aquellas que nos verán con admiración o deseo. Se trata de un proceso personal de satisfacción pero que nos hace frágiles en relación a los patrones impuestos por la sociedad en la que vivimos.

10. Uno de los puntos más marcados de mis libros está relacionado con el registro de diferencias biológicas – y no culturales- entre los sexos. Reconozco un deseo activo y visual en los hombres, mientras que la mujer se excita al saberse deseada (no posee, pues, el deseo visual).
Esa diferencia beneficia mucho a la mujer, pues su vanidad se alimenta del deseo que despierta y de las miradas que atrae. Se trata de una buena sorpresa que ellas tienen durante los años de la pubertad. La otra diferencia se refiere a la ausencia de la fase refractaria después del orgasmo en las mujeres.
Aquí la ventaja es masculina, ya que el hombre experimenta la sensación de saciedad y relajamiento después del coito. Muchas mujeres se sienten frustradas por no experimentar igual relajamiento y le atribuyen a eso problemas personales o a fallas de su pareja. La verdad es que la masturbación, por ejemplo, es practicada con mucha mayor regularidad por los hombres que por las mujeres porque a ellas les sobra una excitación residual que puede ser perturbadora. Las que no se aburren – y hasta gustan- de esa excitación residual acaban siendo las que mejor viven su sexualidad.

11. Los hombres registran el hecho de no ser deseados del mismo modo que desean como enorme frustración.
Se sienten subestimados y muchos desarrollan una grave hostilidad en relación a las mujeres. La envidia masculina, anterior y más importante que la femenina, es la responsable por el machismo.
Los hombres alejaron a las mujeres de las posiciones claves en las áreas públicas de actividad para allí reinar y de allí extraer una superioridad financiera y de posición social. Esa condición privilegiada siempre fue usada para neutralizar la superioridad sexual femenina. Los cambios que han ocurrido en los últimos 40 años vienen alterando ese equilibrio entre el poder económico masculino y el poder sensual femenino.

12. Muchas mujeres, al ser excluidas de los espacios de destaque en las actividades sociales, también desarrollan hostilidad envidiosa en relación a los hombres.
Como nuestras sociedades tienen una tendencia a privilegiar la condición masculina desde la infancia, ya que a ellos les está reservado el surgimiento social, muchas muchachas reconocen en la ausencia del pene el origen de su destino inferior. La envidia del pene es el término que describe la envidia femenina, que considero secundaria a la masculina una vez que es la postura resentida de los hombres que genera las diferenciaciones sociales entre los sexos e intenta excluir a las mujeres de las mejores posiciones. La envidia del pene no es universal, puede estar presente en cerca del 50% de las mujeres. La envidia masculina es casi universal.

13. La inferioridad sexual masculina siempre fue negada por los hombres. Así se construye un modelo social en el cual niños y niñas son educados de manera diferente, de tal manera que se exige más y se da más privilegio a los niños. El patrón viril es el de guerrero y fuerte. El femenino es dócil, casero y ligado a la reproducción. Niños y niñas pueden rebelarse contra el patrón que les es impuesto apenas por el hecho de ser de uno u otro sexo. Eso, junto con los otros ingredientes, puede influenciar dramáticamente la vida sexual adulto, predisponiendo para la ruta homosexual, tratada como un desvío fácil, común, gratificante pero no natural y mucho menos innato.

14. Niños y niñas crecem en campos antagónicos y, en la pubertad, la tensión entre lo sexos empeora a partir del surgimiento del deseo sexual masculino. Muchachas resentidas con el tratamiento humillante que recibieron durante la infancia podrán usar el poder sensual recién adquirido para humillar intensa y deliberadamente a los muchachos, que usarán todos los recursos para seducirlas y después rechazarlas.
Se creó un contexto terrible, de guerra obvia entre los sexos, en el cual la sexualidad está totalmente acoplada a manifestaciones de hostilidad agresiva y a juegos de poder. No existe ni un solo indicio de que, como regla, la sexualidad pueda ser entendida como manifestación amorosa. El sexo y la agresividad constituyen una alianza de difícil rompimiento determinando inclusive tendencia a la inexistencia del deseo cuando existe un clima de ternura y compañerismo. Es lo que sucede entre amigos de sexo diferente o aún en parejas apasionadas, donde la inhibición sexual es la regla.

15. La situación es igual en la homosexualidad masculina: chicos más delicados crecen con rabia hacia sus padres y/o compañeros que pueden, con los juegos usuales, haberlos humillado. ¡Desarrollan un deseo exactamente por quienes les despiertan odio! Los homosexuales no tienen nada contra las mujeres y tal vez sea esa una de las razones de ausencia de deseo. Son amigos de las mujeres y no las desean. Odian a los hombres y los desean. La situación heterosexual masculina no es diferente: los machos desean sexualmente a las mujeres, pero las odian. Se divierte aún con los otros hombres, de los cuales son amigos, confidentes y con los cuales se sientan en los bares para hablar mal y descalificar a las mujeres de las que andan detrás todo el tiempo. Las mujeres más femeninas y sensuales, como regla, son las que más odio tienen de los hombres. Ellas usan todo el poder sensual para humillarlos, para provocarlos. Si logran tener intimidad sexual con ellos, no se entregan de verdad y muchas veces son anaorgásmicas. Esas mujeres son las que se dan mejor con los homosexuales, puesto que, aún con otras mujeres, tienen relaciones de rivalidad: compiten con las mujeres y se dedican a agredir y humillar a los hombres. De esa manera, no existe un clima para que la mayoría de las mujeres pueda vivir una sexualidad libre y vuelta hacia el placer y no hacia el poder. Eso de por sí sería complicado por causa de la inexistencia del período refractario que, por decirlo de alguna manera, substrae el sentido de la práctica sexual “apenas” por el placer – no siempre la excitación residual es sentida como placentera.

16. Estando la sexualidad fuertemente acoplada al juego de poder y a una guerra sangrienta entre hombres y mujeres, es fácil comprender que ese instinto refuerza dramáticamente las ya fuertes tendencias que tenemos de escoger mal a nuestra pareja sentimental: especialmente durante la juventud, escogemos a alguien por quien sentimos un fuerte deseo, puesto que nos enseñaron a tomar eso como indicio de embrujo amoroso. Rechazamos personas adecuadas porque por ellos no sentimos deseo- puesto que no sentimos rabia y sí ternura. Acabamos casándonos con alguien con quien vamos a pelear por el resto de nuestra vida, las llamadas peleas “normales” de las parejas. Escogemos a nuestros amigos según criterios de afinidad y cariño, mientras que nos encantamos sentimentalmente por personas que nos irritan y por quienes sentimos rabia y deseo. El resultado no podría ser otro sino una vida en común desastrosa. ¡No podemos dejar de recordar con nostalgia los “buenos tiempos” en que los padres que se encargaban de escoger a los cónyuges para sus hijos!

17. Durante muchos años no vi salida para ese dilema, para la inevitable tensión entre los sexos, para la perpetuación del juego de poder entre ellos. No veía solución tampoco para las cuestiones sociales, puesto que estoy convencido de que el desarme psicológico, emocional y sexual, es pre condición para que las personas tengan una postura social menos destructiva de aquellos menos favorecidos por el destino – en todos los sentidos, desde la clase social en que nacen hasta sus peculiaridades genéticas. A pesar de reconocer autonomía en el fenómeno sociológico y político, los hechos nos han mostrado cuánto el poder determina el surgimiento de conductas nefastas hasta aún en los más delicados revolucionarios. Sin el desarme psicológico de los hombres y de las mujeres el planeta camina hacia la destrucción de una forma que parece casi inevitable. El avance en la cualidad de las relaciones amorosas entre los sexos ya era un aliento, pero me parecía fundamental desarmar la bomba de la sexualidad. Eso parecía imposible, puesto que siempre consideré los fundamentos en que las diferencias se organizan como biológicas, y por eso mismo, irreversibles.

18. Hace unos diez años a la fecha, surge un hecho nuevo, y que derivó de actos espontáneos ejercidos por adolescentes y pre adolescentes: EL FICAR |2|.
Los cambios de caricias practicadas de forma ingenua, probablemente determinada por imitación del comportamiento de los adultos, se viene extendiendo a lo largo de los años de la pubertad. Ellas no envuelven compromiso y el juego de poder es mínimo. Los chicos tienen, por primera vez en la historia, la oportunidad de aproximarse físicamente de chicas de la misma edad y la misma condición social. En el pasado, las chicas de 13-14 años sólo se interesaban por chicos mayores. Usaban desde temprano el poder sensual para llegar a un compromiso- con alguien que valiese la pena. Eso siempre estimuló mucho la competencia entre varones y su ambición. Esa competencia acabaría inevitablemente empeorando las desigualdades sociales y económicas, de tal modo que los más exitosos tendrían acceso a las más bellas. De repente, los chicos, no se sienten tan rechazados y se vuelven más tranquilos, tal vez inclusive demasiado cómodos. Las chicas, que ahora no pueden más contar con las facilidades derivadas del poder sensual, tratan de empeñarse más en el crecimiento personal y profesional. Se hace posible imaginar un mundo tomando nuevas facetas, esta vez más homogenizantes en las relaciones entre sexos y también menos competitivo y virulento. Es obvio que el proceso es aún incipiente y que toda presión social a favor de la belleza, perfección física y éxito a cualquier costo parece ir en contra de esa tendencia que nace lentamente a partir de lo cotidiano de nuestra mejor juventud. Lo que quedó claro para mí, es que había subestimado el alma humana y sus poderes. Había sin percibir, privilegiado la biología. El hecho es que los seres humanos pueden sentir deseo visual y no sentirse obligados a ir tras de las mujeres. Lo contrario también es verdadero: ellas pueden no tener el deseo sexual y pueden aún así aproximarse de ellos. El deseo visual no es una orden, un mandamiento. Es apenas una peculiaridad innata que puede o no ser acatada.

19. Si finalmente varones y mujeres se volvieran amigos, si pudieran establecer relaciones a partir de la ternura y el compañerismo – el + amor que cité antes -, si la individualidad se construyese de manera adecuada y viniese acompañada de una contraparte moral, si la sexualidad se volviese independiente de la agresividad, y pudiera, de hecho y por la primera vez, acoplarse a sentimientos positivos entre las personas, entonces podremos volver a soñar con un nuevo orden político y social. Sin esa evolución psicológica, nada es posible |3|.

|1|

OBSERVACIÓN: Después de todo lo hecho, parece muy simple y fácil. En realidad fueron décadas de tensión y no fueron pocos los atolladeros: como resolver, por ejemplo, la cuestión de la tendencia muy fuerte para la fusión romántica. ¿Al renunciar a eso no estaríamos perdiendo algo de emocionante y rico? ¿Cómo ir contra una forma de sentir consagrada hace casi doscientos años? El individualismo es siempre un avance emocional? Fueron momentos difíciles, muchas veces involucrando la vida personal. Fue exactamente en ese sector que pude avanzar más: se trata, claro, de avances que dependieron de un trabajo realizado a cuatro manos. La idea de un nuevo tipo de romance ya aparece como atractivo para la mayoría de las personas pero ellas aún ven eso como una hipótesis teórica, lejos de ser factible. A lo largo de todos esos años, la cuestión sexual se presentaba como aún más difícil de ser ecuacionada; las posibilidades de una vida sexual gratificante en un contexto amoroso sólo puede quedar más clara en los últimos pocos años.

|2|

En portugués FICAR= quedar. En Bolivia podemos pensar en el término PRENDERSE, utilizado por los adolescentes.

|3|

OBSERVACIÓN: Cabe nuevamente la excepción de que todo eso que parece fácil desde el punto de vista intelectual aún no es siquiera una hipótesis en la mente de la mayoría de las personas, contaminadas con una cultura de masa que presiona exactamente en el sentido de la competición, de la felicidad aristocrática, aquella que sólo podrá ser alcanzada por un pequeño número de personas y que despertará la hostilidad envidiosa de la mayoría. Mis reflexiones abren el camino para la felicidad democrática, aquella basada en el bienestar de todos; o por lo menos, en un bien estar que no es excluyente. O sea, la felicidad amorosa y sexual, de una persona no impide lo mismo para todas las otras. Lo mismo vale para la madurez emocional, la evolución moral y para los placeres relativos al conocimiento y a los cambios intelectuales entre amigos. Nada de eso me parece utopía, sueño imposible de ser realizado, y se somos capaces de impedir la destrucción del planeta, es allá hacia donde dirigiremos nuestro caminar.

Traducción: Teresa

Compartilhe!