El hombre, un ser gregario por excelencia

Existe en el hombre una agradable sensación de paz y bienestar derivada de sentirse parte integrante de un grupo – condición en que él se siente menos desamparado – y también un deseo de destacarse de los demás dentro de ese grupo, condición en que su vanidad estaría más gratificada. Siendo así, tanto desde el punto de vista amoroso como desde el sexual, la vida en colectividades es un anhelo básico para todos nosotros; no creo sea necesario pensar en algún instinto gregario autónomo, pues el amor y la sexualidad son razones suficientemente fuertes para explicar esto.

Es un hecho que la mayoría de los componentes del grupo se siente perjudicada en cuanto al aspecto de la vanidad; o sea, apenas unos pocos consiguen obtener cierto destaque y atraer hacia sí la admiración y la envidia; tanto más cuanto que la búsqueda desenfrenada del destaque social es factor importante para la génesis de las desigualdades sociales, capaces de dejar a la mayor parte de un determinado grupo en condiciones materiales insostenibles. Creo en la importancia de la vanidad para la determinación de tal estado de cosas por su naturaleza irracional: me parece obvio que es inconveniente y peligroso para los privilegiados que la mayoría de la población de un grupo se encuentre en la miseria, pues esto aumenta mucho la posibilidad de una sublevación y hace inestable al sistema, en virtud del potencial agresivo derivado de la envidia. Y considero que las soluciones poco lógicas pueden derivar de la sumisión de la razón a las emociones – de por si no lógicas – y, en particular, a la vanidad.

– Grandeza Especial
Según creo, la etapa siguiente es esta: cada individuo, frustrado en su vanidad personal y al mismo tiempo sintiéndose integrado en un determinado grupo, trata de atribuir grandeza y valor especial a su grupo. Por poner un ejemplo, un individuo puede considerar que él no es nada de especial, pero el país a que pertenece es el más rico, el más importante, el más bello, el más pacífico, el más generoso, el de mayor potencial, etc. Las glorias personales inexistentes – condición generadora de frustración en cuanto a la vanidad – son compensadas por la atribución de grandezas especiales al grupo de referencia. De esta forma, la vanidad y el placer de destaque se trasladan al colectivo: el brasileño miserable ama el Brasil, se siente parte de él y orgulloso de sus glorias como nación de gran belleza y potencial; el brasileño miserable se siente importante y se envanece si Brasil gana el campeonato mundial de fútbol, etc. De este modo, a través de tal proceso, el grupo atenúa el desamparo y también pasa a ser fuente generadora de destaque.

– Nacionalismo
El nacionalismo nace, según creo, a través del proceso que acabo de describir. De la misma forma, se explican el orgullo y apego fanático – irracional – a grupos que se definen en función de una determinada creencia religiosa o ideología política. Porque el grupo pasa a ser el depositario de la grandeza que falta a cada uno de sus miembros, y cada uno, como parte integrante de él, se siente poseedor de esa grandeza; defender los intereses del grupo pasa a ser tarea más importante que las cuestiones personales. La grandeza del grupo es la grandeza de cada uno, y tal importancia parece ser aquello que todos los hombres más desean.

La manipulación de tales propiedades por parte de líderes hábiles puede tener los resultados más bellos y también ser responsable de las mayores catástrofes. Un pueblo entero podrá fácilmente dejar a un lado sus intereses personales y sacrificar su vida en función de la construcción de una colectividad más digna y más grandiosa; del mismo modo, un pueblo podrá considerar absolutamente válido hacerle la guerra a algún vecino que, efectiva o supuestamente, haya ofendido el honor nacional. Tal ofensa se vive como si fuese dirigida a cada miembro del grupo, de tal forma que matar o morir en defensa del honor pasa a ser un fenómeno absolutamente aceptable y justificado.

La manipulación de estas características de la psicología de grupo ha venido haciéndose – de modo deliberado o intuitivo – mucho más con la finalidad de satisfacer la brutal vanidad y ambición personal de sus líderes. Por la energía que es capaz de liberar, es comprensible que haya sido la causa de las mayores destrucciones y violencia entre los hombres.

Traducción: Teresa

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