La preocupación por la apariencia física va en aumento

Es preciso estar muy atentos para conseguir acompañar los rápidos cambios que hoy día suceden en la conducta de las personas. Es preciso gran cautela si queremos interpretar su significado, no dejándonos seducir por la primera impresión, que es siempre positiva. Estamos acompañando un creciente interés de hombres y mujeres por cuidar cada vez más y mejor de su apariencia física. Las academias de gimnasia proliferan, se venden millones de equipamientos domésticos de gimnasia en todo el mundo y el que puede tiene un mini-gimnasio en su casa. Las cirugías plásticas están en alza, de modo que las mujeres se ponen prótesis de silicona en los senos, se retocan el rostro, realizan todo tipo de liposucciones con el objetivo de tornear las caderas y los muslos, de modo a asemejarse cada vez más a sus ídolos – las “top-models” o estrellas de cine.

Lo interesante es que esta obsesión por la buena apariencia física, mucho más allá de los requisitos relacionados con la preservación de la salud, y no raramente en perjuicio del tiempo de que dispondrían para el cultivo del intelecto, ha venido tornándose cada vez más frecuente también entre los hombres. Éstos también pasan cada vez más horas en los gimnasios, hacen operaciones estéticas y de todo para mantener su cuerpo libre de michelines. Si antiguamente estaban obcecados tan sólo con la cuestión de la calvicie, que siempre han detestado, ahora se preocupan por todos los detalles.

La impresión inicial es que las mujeres están cada vez más interesadas en hombres lindos y muy bien cuidados desde el punto de vista físico. Y esto contraría las observaciones tradicionales, que nos mostraban que la preocupación por la apariencia física era más femenina, precisamente porque desde el punto de vista sexual, a los hombres les despierta más la apariencia física de ellas, que al revés. Pensábamos que el interés de las mujeres era despertado de un modo más sofisticado que el de los hombres, un tanto grosero y de tipo animal. Pensábamos que daban valor más que nada a las virtudes del carácter de los hombres; así como a su posición social y profesional.

Un observador menos avisado podría llegar a la conclusión de que hay una aproximación entre los sexos y una atenuación de las tensiones que siempre han estado presentes en las relaciones íntimas. Podríamos pensar que los hombres están tornándose más delicados, menos competitivos y más preocupados por la belleza que por el poder económico. Podríamos pensar que las mujeres se están tornando más bellas para agradar todavía más a los hombres, a fin de que ambos puedan disfrutar con mayor intensidad de los placeres derivados de los intercambios de caricias eróticas. Así, aunque lamentando un excesivo gasto de tiempo y de energía con las cuestiones del cuerpo en perjuicio de actividades ligadas a la cultura y al aprendizaje, podríamos pensar que estamos en una ruta positiva, en la cual hombres y mujeres finalmente estarían tornándose más amigos y solidarios.

Desgraciadamente no consigo compartir ese punto de vista tan optimista. En primer lugar, desconfío de que la perfección corporal de los hombres sea capaz de despertar efectivamente el deseo sexual de las mujeres. Sé de varias que están encantadas con sus “personal trainers” o profesores de tenis; pero, como norma, tienen historias con estos “Apolos” en paralelo con sus matrimonios, establecidos según los patrones tradicionales, en que sus maridos son un tanto gorditos, pero protectores y también proveedores. Incluso si el hombre bien cuidado fuese capaz de despertar el interés femenino de una forma nueva, aún así sospecho de que se trate del establecimiento de un nuevo valor social, el de la apariencia física. Así, este nuevo valor pasa a tener la misma importancia de los otros – las virtudes de carácter, la posición social, la educación, etc.

No consigo ver indicio alguno de desarme en lo que está ocurriendo en la actualidad. Entre hombres y mujeres está teniendo lugar la misma guerra de una forma cada vez más enconada: la preocupación creciente por la apariencia física corresponde, a mi modo de ver, al acto de afilar las láminas de las espadas y de los puñales. No estamos ante una condición donde lo que se busca es el placer compartido, sino en una disputa por el poder. Las mujeres siempre han usado su belleza y sensualidad como arma para neutralizar el poder social y económico de los hombres y están haciendo eso de forma cada vez más intensa. Y actúan de esa manera incluso aquellas que han venido dedicándose cada vez más al trabajo y a la búsqueda de su independencia económica. Así, pasan a tener el poder económico y no renuncian al poder sensual.

Los hombres, que nunca han abdicado del poder económico como instrumento de dominación y opresión de las mujeres, están intentando hacer el mismo camino, o sea, apropiarse también del poder sensual, con el cual pretenden equilibrar la guerra que sienten estar cada vez más perdida. Se entristecen aquellas personas como yo, que con lo que sueñan de veras es con el fin de la guerra.

Traducción: Teresa

Compartilhe!