Lidiar con el sufrimiento, un aprendizaje

– En lugar de intentar impedir que nuestros hijos sufran, debemos ayudarles a vencer los obstáculos de la vida.

Un aspecto que no puede ser subestimado cuando reflexionamos acerca de nuestra evolución psicológica es el de las peculiaridades innatas. Más importantes que los obstáculos que la vida nos impone son nuestras fuerzas para sobreponernos a ellos y extraer sus lecciones importantes. Por tanto, en lugar de intentar impedir que nuestros chicos sufran, deberíamos ayudarles a desarrollar su potencial interior, a fin de que sean capaces de adquirir competencia para soportar dolores físicos y mentales.

No se puede evitar, por ejemplo, que una criatura sufra con la muerte prematura de su padre. Lo que interesa es ayudarle a desarrollar, más pronto de lo que sería natural, aptitud para lidiar con el dolor de la pérdida afectiva, con responsabilidades mayores de las que se podría pretender para aquella edad; a movilizar, en fin, toda su energía interior para sobrellevar, de la mejor manera posible, esa experiencia dramática que la dejará marcada. La expresión “de la mejor manera posible” es importante, pues no hay modo de impedir algunas derivaciones. Por ejemplo: el desarrollo precoz de la responsabilidad podrá influir en su historia de vida, volviéndola menos capaz para el solaz y excesivamente preocupada con las personas que dependerán de ella. No se puede hacer mucho, a no ser comprender que aquello que somos hoy es fruto de la forma en que nuestro cerebro ha respondido ante los obstáculos de la vida.

Considero que algunas criaturas han nacido con mayor tolerancia ante los dolores. Las que no nacen así tienden a actuar con agresividad y descontrol cuando se ven frustradas. Es deber nuestro ayudarles a desarrollar la tolerancia; esto será una conquista más difícil para ellas y exigirá mayor energía por parte del educador. A título de comparación, sabemos que algunas criaturas nacen con mayor facilidad para aprender a tocar un instrumento musical. Para las menos dotadas, será preciso un número mayor de clases y mucha más persistencia, para que puedan salirse tan bien cuanto las otras, que pueden tocar apenas “de oído”. Lo importante, en el caso de la capacidad para lidiar con dolores, es no aceptar el “detonador corto” de las más intolerantes como si eso fuese una peculiaridad irreversible. Debemos luchar para ayudarlas a aprender a no reaccionar con violencia ante las contrariedades inevitables de la vida. Insisto en ese punto, puesto que es indispensable que la criatura pueda dejar atrás el egoísmo natural y respetar los derechos de los demás – lo cual, no raramente, implica frustraciones y renuncia a algunos de sus deseos.

Somos diferentes en casi todos los aspectos de nuestra constitución física y psíquica. Las variaciones de la inteligencia son enormes, y también las relacionadas con la agresividad, intensidad de los miedos y capacidad para lidiar con ellos, fuerza del instinto sexual. El vigor físico varía tanto en lo que respecta a la salud como a la fuerza muscular y a la estatura. Nuestra apariencia física es única y está sujeta a enjuiciamientos propios de cada época y lugar. ¿Has observado como la belleza, principalmente la femenina, puede determinar el destino de una persona? La niña guapa es tratada con más deferencia desde la infancia. Al salir con sus críos los padres gustan de exhibirlos como una especie de “obra prima”. La niña comprende todo y, desde muy pronto, se percibe como una persona especial, una especie de princesa. Al observar el mundo sabrá que “la belleza es fundamental”, que es un gran valor y un privilegio. Con el advenimiento de la pubertad recibirá todo tipo de invitaciones, de facilidades, sentirá que todas las puertas del mundo estarán abiertas para ella. Es, como decía un autor norteamericano, una “celebridad genética”, famosa sin haber hecho nada más que nacer. Tenderá a acomodarse a esas facilidades, volviéndose poco disciplinada y nada esforzada para actividades intelectuales y profesionales, lo cual podrá costarle grandes perjuicios en el futuro.

Traducción: Teresa

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