¿Tener o No Tener Hijos?

Es increíble, pero hasta hoy las parejas que deciden no tener hijos son miradas con desconfianza, como si estuviesen traicionando a la sociedad y a la especie humana. El argumento que sostiene las críticas – y atañe principalmente a la mujer – es el de la necesidad de satisfacción del instinto maternal: “Solamente una mujer de veras desalmada no tendería a ejercer sus impulsos naturales.” Así se manifiestan las personas que siguen los pasos de nuestros ancestros, sin nunca reflexionar acerca del modo en cómo debemos conducir nuestras vidas.

Si tomamos como base a otros mamíferos, verificaremos que el instinto surge a partir del nacimiento de la prole. Una perrita no se entrega a la maternidad hasta que nazcan sus cachorros, cuando se convierte en feroz defensora y guardiana del bienestar de ellos. De la misma forma, considero que en las mujeres ese instinto se revela tan sólo a partir de la gestación. Se pone de manifiesto en los cuidados que dedican al bebé y no en el deseo de tener hijos.

Cuando pensamos acerca del pasado de nuestra especie, percibimos dos importantes características. La primera: la reproducción era, como regla, una manifestación indirecta de nuestro poderoso instinto sexual – ¡y no del deseo de ser madre! Con tanto deseo y con recursos anticonceptivos tan pobres y poco conocidos, las parejas ya volvían de la luna de miel “embarazados”. La preocupación con el tema siempre ha sido mucho mayor que la actual. Las personas miraban como problemáticas a las mujeres que no quedaban embarazadas, como si padeciesen alguna disfunción.

La segunda característica se refiere a la función de los críos en la vida familiar del pasado. Todos festejaban el nacimiento como una importante conquista. Las familias numerosas podían arar mayores extensiones de tierra, lo cual producía mayores lucros. Además de los beneficios materiales, los padres contaban con otra ventaja: tendrían amparo en la vejez. No había duda sobre el asunto.

¿Y hoy? ¿Por qué tener hijos en estos días tan llenos de contratiempos y dificultades? Las razones que han estado a favor de la reproducción a lo largo de los siglos, ya no existen: ellos no cuidarán de nosotros en la vejez y sólo algunos nos aportarán beneficio práctico – está claro que existen excepciones. Ellos tienden a ser dependientes durante tiempo indeterminado, nos cuestan mucho dinero y difícilmente podrán – o considerarán que deben – retribuir algo. Otra cosa: el sexo y la reproducción han dejado de tener la correspondencia de antes.

Hemos de aprender a pensar sobre nosotros y nuestro tiempo. Ya no tiene sentido quedar embarazada “porque todo el mundo lo hace”. Tenemos que respetar a las parejas que deciden no ser padres, lo cual indican que prefieren dedicarse a otras causas antes que sentirse perpetuados en sus descendientes, que cuidar de críos y acompañar su crecimiento, o que beneficiarse de la alegría y agitación que aportan a los hogares. Tener o no tener hijos debe ser tema de discusión para cada pareja, toda vez que la decisión es muy relevante para el modo de vida que desee imprimir a su existencia. No existe un camino mejor que otro. Ser padre o madre no es obligatorio, sino facultativo.

Traducción: Teresa

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